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La Palabra de Carlos Fuentes frente al Cinco de Mayo

Carlos Fuentes en El fuerte de Loreto durante la filmación del Documental Cinco de Mayo la Batalla.


Puebla, Pue.- Hay momentos en que la historia deja de ser una historia distante y se convierte en voz. El Cinco de Mayo ha sido durante décadas más símbolo que comprensión: una fecha celebrada, a veces simplificada y reducida a vender cervezas a nivel global. Sin embargo, frente a esa realidad comercial, la palabra de Carlos Fuentes cobra vida como una forma de restitución: no para glorificar el episodio, sino para devolverle su densidad histórica, su lugar en la construcción de México como proyecto de nación.


En el 2012, tuve el gran honor de conocer y filmar al Maestro Carlos Fuentes al filmar el documental Cinco de Mayo, la última producción de su vida, cuando trabajaba en el Sistema de Información y Comunicación del Estado de Puebla, ahora SICOM. En ella, el Mtro. Fuentes habló desde el acontecimiento histórico y la distancia crítica de quien entendió que la nación no se define por sus victorias, sino por la manera en que las interpreta. Su voz, ya convertida en legado, articula una lectura donde el Cinco de Mayo deja de ser efeméride para convertirse en la narrativa que un país decide contarse a sí mismo.


Documental Cinco de Mayo, narrado por Mtro. Carlos Fuentes filmado por SICOM
Carlos Fuentes en la Emblemática Biblioteca Palafoxiana

La Palabra de Carlos Fuentes frente al Cinco de Mayo. Filmar al maestro Fuentes, era plasmar una transición. La de un intelectual que, al final de su trayectoria, dialoga con la historia para fijar una última interpretación. En esa intersección entre memoria y pensamiento, se inscribe como una pieza de conciencia histórica. Carlos Fuentes (1928–2012), escritor, intelectual y diplomático que convirtió la literatura mexicana en un espejo de la identidad latinoamericana.


Mtro. Carlos Fuentes y Marcelo García Almaguer comparten notas en el documental Cinco de Mayo.
Grabación de Documental en Los Fuertes.

Nacido en Panamá en 1928, hijo de un diplomático mexicano, Carlos Fuentes vivió su infancia entre América y Europa, lo que le otorgó una mirada cosmopolita que más tarde marcaría su obra. Entre sus libros destacan La región más transparente (1958), considerada la primera novela urbana de México. La muerte de Artemio Cruz y Terra Nostra, una epopeya literaria sobre la identidad hispanoamericana. Además de novelista, Fuentes fue ensayista, profesor en universidades como Harvard y Princeton, y embajador de México en Francia (1975–1977). Carlos Fuentes no era ajeno a mi historia familiar. Su padre, Rafael Fuentes Boettiger, según recuerda mi padre, un hombre de carácter singular. Pero el vínculo se remonta aún más atrás: mi bisabuelo, Manuel García Sandoval, compartió la banca en la Escuela Nacional Preparatoria con el propio Rafael Fuentes.


Esa coincidencia, casi perdida en la memoria familiar, conecta generaciones distintas a través de un mismo espacio: el origen de una vida diplomática y, con el tiempo, la raíz de uno de los escritores más universales de México.


Carlos Fuentes en la Biblioteca Palafoxiana

Años después, ese hilo invisible encontró su propia forma de manifestarse. Comparto una anécdota que marcó mi vida. Durante la filmación, Carlos Fuentes relataba con solemnidad la gesta de los Zacapoaxtlas y los Tetelences en la Batalla de Puebla. En ese momento, con cautela, pedí detener la producción y le sugerí: “Maestro, considere en su guion hacer también mención de los Xochiapulcas, otro pueblo aguerrido poblano, reconocido en aquella jornada heroica.”


Fue un instante breve, pero cargado de sentido: como si la memoria familiar. El Mtro. Fuentes me clavó la mirada, como un erudito a un humilde escribano, y preguntó:


“¿Está usted seguro del dato?” buscando una micro expresión de mi parte que me delatara para creerme o no. Respondí súbitamente: “Claro, maestro. Fueron tres los pueblos originarios reconocidos por su gesta heroica,” contesté con seguridad absoluta.


El silencio se apoderó del set. Carlos Fuentes sacó su libreta amarilla, en ella guardaba un sinnúmero de apuntes, rostros esbozados en las orillas, casi a la manera de Pablo Picasso, entre otros garabatos. Revisó sus notas y, tras un instante que para mí fue eterno, asintió sin darme la razón: “Eran soldados indígenas provenientes de tres municipios, no dos.”


imagen de un post de facebook de Marcelo Garcia Almaguer y su pagina Mgbranding con una foto de el escritor mexicano en la biblioteca palafoxiana

El equipo respiró. Recuperé el alma. Y en ese instante confirmé que, además de gran escritor, el Maestro Fuentes era un hombre abierto al rigor histórico y a la verdad compartid.


Recordar a Carlos Fuentes en el marco del Cinco de Mayo es evocar al intelectual que supo narrar a México desde adentro y hacia el mundo.


Honramos a un hombre que, con su pluma, trazó la cartografía cultural del país y cuya voz, como la de nuestros pueblos en la Batalla de Puebla, seguirá resonando en la historia.


Carlos Fuentes en el set de grabación, Fuerte de Loreto en Puebla.
Durante la filmación, Carlos Fuentes relataba la gesta de los Zacapoaxtlas y los Tetelences en la Batalla de Puebla.

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