Sueño Despierto: La Paternidad Surrealista
- Marcelo García Almaguer
- 28 dic 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 29 dic 2025
Filadelfia, Pensilvania.— En el París de las primeras décadas del siglo XX, los artistas que se autodenominaron surrealistas rechazaron de manera explícita la representación de "la realidad objetiva en el arte." Un grupo selecto e intelectualmente audaz, concibieron un movimiento radicalmente distinto, orientado no hacia una belleza idealizada, sino hacia una verdad más elevada, anclada en lo inconsciente. Su propósito era crear "imágenes de carácter onírico, donde el sueño y el deseo sustituyeran a la lógica racional."
Tuve la oportunidad de visitar una exposición a gran escala, nunca antes vista, Dreamworld: Surrealism at 100 presentada como la última parada de una ambiciosa gira organizada en colaboración con el Centre Pompidou de París y la única sede de la muestra en los Estados Unidos. Aprovechando nuestra estancia en Pensilvania, visitamos el Museo de Arte de Filadelfia narra en esta exhibición la historia del surrealismo, poniendo el acento en aquellos creadores que, inspirados por las teorías de Sigmund Freud, publicadas a partir de "La interpretación de los sueños" en 1900, exploraron nuevas formas de expresión para expandir los límites de la imaginación creativa.
Esta maravillosa exposición, curada por cinco museos internacionales, ilustra el desarrollo de la imaginación surrealista, las técnicas experimentales en la década de 1920 a través de una plethora de medios, desde las construcciones con objetos encontrados de Man Ray, Ivys Tangui y los collages de Max Ernst, hasta los lienzos alucinatorios de Giorgio de Chirico, René Magritte y Salvador Dalí.

En su Manifiesto del Surrealismo de 1924, el poeta y artista André Breton abordó lo que él consideraba, "una crisis de conciencia: alrededor de los veinte años, dijo, los seres humanos abandonan su imaginación infantil para adoptar el sentido común, el decoro y el juicio propios del ser adulto. Breton creía que, para alcanzar un estado de libertad, todas las personas debían reaprovechar la imaginación. El surrealismo, el movimiento literario y artístico que Breton codificó con su manifiesto, buscaría continuamente nuevas técnicas para explorar la capacidad humana de creatividad y asombro."
La Paternidad tiene sus pinceladas surrealistas. No como consigna, sino como una certeza que se construye al celebrar pequeñas victorias. Esa ha sido una lección constante en mi vida. ¿Quieres transformar un universo hipercomplejo? Empieza con baby steps. En muchos años de servicio público, interactuando con maestros de distintos países, y clientes exigentes aprendí a valorar una habilidad toral para la vida: el sentido del timing.
De joven, no siempre lo supe nombrar, pero sí practicar. Lo fui puliendo entre clases, libros, "When" de Daniel H. Pink, en el trabajo, en campañas electorales, en la consultoría donde cada decisión debía llegar ni antes ni después, sino justo a tiempo; y por su puesto, en el aula con mis alumnos vía casos de estudio. El timing es una coreografía de sabiduría acumulada que surge como géiser. Saber cuándo hablar, cuándo callar, cuándo esperar, cuándo insistir y cuándo soltar.
Nunca imaginé que esa habilidad, afinada durante décadas, encontraría uso en un territorio íntimo: el cuidado de nuestro bebé, que hoy cumple 75 días de vida. Apenas un suspiro en el calendario, pero todo un evento cósmico en un microcosmos.

Aquí, el sentido del timing no solo se ha afinado, me atrevo a decir que ha alcanzado una forma de maestría. Porque cuando una habilidad se aplica en distintos dominios, deja de ser una técnica y se convierte en un hábito atómico: pequeño, constante y transformador.
Observar a un bebé es presenciar el funcionamiento de un organismo extraordinario. Su desarrollo exige dominar al menos cinco variables esenciales: saber cuándo tiene hambre y cuándo no; reconocer cuándo necesita la rutina y cuándo prefiere romperla porque la curiosidad del entorno lleno de luces, rostros y sonidos lo atrapó. Mientras tanto, decodifica sonidos y descifra imágenes, transitando del claroscuro del blanco y negro hacia la riqueza del color. Todo sucede en tiempo real, sin manuales de instrucciones.

Ahí emerge mi rol de profesor. Procurar y entender la apertura de una ventana de atención, ese instante preciso en el que el aprendizaje puede suceder. Es una habilidad importante. En el aula, en la consultoría, en la vida pública… y ahora, en la crianza. Esa ventana no se pude forzar. Se detecta. Se respeta. Se acompaña. Después de veinticinco años creyendo que mi especialidad estaba destinada a los escenarios de la toma de decisiones, descubro que su expresión más sofisticada ocurre en nuestro hogar, en el cuidado de MAGG, leyendo el ritmo de otro ser que apenas comienza a habitar su propio desierto surrealista.
Detectar y/o anticipar: ¿instinto o habilidad? La pregunta se abre necesariamente. En la maternidad, muchas veces, la respuesta parece inmediata: el cuerpo sabe antes que la mente. Hay una memoria ancestral que activa reflejos, con respuestas casi automáticas. En cambio, en el padre, el camino es distinto. No menos legítimo, pero sí más consciente. La conexión no se impone, se construye. Nace de la observación en estado de hipervigilancia, de la atención deliberada, de la decisión cotidiana de estar ahí incluso cuando no hay certezas. La paternidad, entonces, se convierte en un ejercicio de aprendizaje acelerado, donde la atención es la puerta de entrada al vínculo afectivo.

Quizá por eso la frase "All you need is love" queda corta. El amor es indispensable, sí, pero necesita un ancla. Sin atención, ese gran amor puede quedarse en intención; con atención, se vuelve acción. Mirar sin prisa, escuchar sin distracciones, registrar balbuceos, reconocer cambios sutiles en la mirada. La atención convierte al amor en una fuerza operativa. Es lo que permite que el vínculo deje de ser abstracto y se traduzca en cuidado.
En ese cuidado se ganan pequeñas victorias. Algunas parecen irrelevantes a los ojos externos, pero en realidad sostienen el día. Anticiparte a quitar el pañal justo antes de que sea demasiado tarde. Detectar el tipo de llanto que no pide comida, sino otro tipo de atención. Acomodar el entorno con precisión, el espacio suficiente para moverte sin despertar al bebé, como todo un contorsionista. Son escenas de la jornada, pero en ellas se juega el equilibrio de todo el día. Así se construyen las vicisitudes: una suma de micro decisiones con tempo y ritmo.
Perfeccionar el arte del timing nunca fenece. No se trata solo de actuar en el momento correcto, sino de saber “leer el cuarto”, incluso cuando está a oscuras. Detectar microexpresiones faciales como un labio torcido que se adelanta al llanto, o solo un sonido que anuncia incomodidad.
Al final, de eso se trata todo esta etapa de la paternidad: lograr que el equilibrio se restauré. Que la jornada continúe fluyendo. Porque cuidar y proteger, al final, es la paternidad.
Paternidad Surrealista

Sueño Despierto: La Paternidad Surrealista. Además del timing en el cuidado de un hijo, la paternidad cuenta con multiples factores que muchos te advierten pero te dan información limitada: como la pérdida de privilegios. Aprender a leer el tiempo de otra persona implica, inevitablemente, dejar de gobernar el propio. Nada te prepara para ese intercambio, aun cuando nos documentamos, leímos, acudimos a clases, tanto presenciales como en línea, y buscamos la orientación de expertos en lactancia, de especialistas en entrenamiento infantil, que incluyen ejercicios como la succión para lograr un buen sello, son claves.

Las películas se fragmentan, olvídate de terminarlas. Ir al baño deja de ser un acto automático: ahora ocurre cuando se puede, no cuando se quiere. La comida se enfría y lograr comer sin interrupciones se vuelve un lujo. El café se pasa de su hora habitual. "Si me organizo desayuno en la noche," diría mi esposa.
Nuevos rituales reemplazan a los viejos. Preparar la temperatura de la bañera se convierte en una responsabilidad imperante. Sacar los cólicos de la cámara gástrica o los sapitos, como le decimos para alimentar nuestra propia paz mental. Me explico, existe un llamado affect labeling el cual ha sido ampliamente documentado en artículos sustentados en evidencia clínica. Esta práctica, ponerle nombre a un problema, "no cumple únicamente una función descriptiva: también puede generar alivio psicológico, ofrecer validación subjetiva y fortalecer el sentido de control del individuo, facilitando el proceso terapéutico."
El cansancio persiste, pero ahora tiene propósito. Adiós al sueño profundo y continuo, ahora pasa a ser un bello recuerdo de novios. Las siestas desaparecen. Los despertares tardíos de domingo se archivan en la memoria episódica. Y la intimidad, esa que antes se daba por sentada, se reconfigura en otro lenguaje. El espacio torna surreal. El hogar deja de estar ordenado. El desorden ahora es evidencia de vida. En esa pérdida de control aparente ocurre algo como un sueño.

El timing vuelve a operar, no para optimizar la comodidad, sino para sostener el equilibrio del núcleo familiar. Cada renuncia es una reconfiguración del tiempo como el cuadro "Los Primeros Días de Verano" de Salvador Dali en el paisaje surrealista. La atención se afila y la mente aprende a soltar. Ahí, en medio de lo que aún no se entiende, se interpreta múltiples escenarios.

Al final, el tiempo de uno se transforma en música con un ritmo inesperado, tal como el segundo cuadro, dentro del primer cuadro de Dalí. Ya no se mide en horas productivas ni en agendas cumplidas, sino en pequeñas victorias compartidas, en selectos y muy valorados "me time" que sostienen el ánimo.
Todo lo que se pierde, el orden, el descanso continuo, la autonomía del deseo, se transforma en otra forma de riqueza: la de estar presente dentro de un gran sueño.
Y entonces, sí, la vida también tiene sus pinceladas surrealistas: la paternidad. En esa contemplación, uno entiende que cuidar es el acto más refinado de Marcelo Augusto es un deber de los padres. El verdadero privilegio no era gobernar mi tiempo, sino aprender a habitarlo con un nuevo integrante y vivir eternamente en su sueño.

