Tu identidad digital como propiedad
- Marcelo García Almaguer

- 29 ago 2025
- 3 Min. de lectura

La histórica apuesta de Dinamarca contra los deepfakes
“Tu rostro, tu voz y tu cuerpo te pertenecen”. Con esta afirmación disruptiva, Dinamarca ha decidido replantear el terreno jurídico de la Gobernanza Digital. Lo que parecía un dilema ético sin respuesta, deepfakes en épocas electorales que enrarecían el ambiente, empieza a encontrar una solución en un marco legal innovador: otorgar derechos de autor sobre la identidad digital.
Está iniciativa legislativa, previsto para entrar en vigor a finales de 2025, trasciende la privacidad como derecho y la reputación como valor moral. Reconoce que la identidad, entendida como una conjunción de rasgos, gestos y la voz, ya no es solo un atributo personal, es sino un activo digital que no puede ser apropiado, manipulado y comercializado sin consecuencias, hasta ahora. La respuesta de Dinamarca es radical: si los deepfakes convierten tu imagen en una pieza alterada, entonces debes tener los mismos derechos que un autor frente al plagio.
Tu identidad digital como propiedad. El proyecto legislativo Danés contempla tres dimensiones: Otorga a las personas la capacidad de exigir la eliminación inmediata de contenidos falsificados; Reconoce el derecho a indemnización por daños cuando se afecte la integridad, la reputación o el bienestar psicológico de la víctima; Impone responsabilidad a las plataformas digitales, que ya no podrán alegar neutralidad si deciden no actuar frente a denuncias verificadas.
Sin embargo, la reforma no desconoce el valor de la libertad de expresión. Establece excepciones explícitas para la sátira, la parodia y el periodismo, garantizando que el marco legal no se convierta en un arma de censura. Aquí radica parte de su sofisticación: defender la identidad sin asfixiar la creatividad.
Más allá de sus alcances inmediatos, lo que Dinamarca propone es un cambio profundo en la relación entre individuos y plataformas tecnológicas. La identidad digital deja de ser un subproducto colateral de la hiperconectividad para convertirse en propiedad intelectual. Como tal, requiere protección jurídica robusta, pero también implica una nueva forma de pensar en términos de derechos humanos digitales.
Si aceptamos que nuestros datos, rostros y voces son extensiones de lo que somos, el paso lógico es dotarlos de un marco de andamiaje jurídico que los protege. En este sentido, Dinamarca no solo legisla contra los deepfakes: inaugura una nueva era en la gobernanza digital, donde la identidad personal es reconocida como un bien jurídico autónomo.

"No se trata solo de privacidad; el país redefine la identidad como un activo."
La medida, respaldada por una mayoría parlamentaria, busca también inspirar al resto de Europa en el marco de la presidencia danesa del Consejo de la UE. La pregunta es inevitable: ¿serán otros países del mundo capaces de adoptar un modelo semejante? La experiencia muestra que mientras la innovación tecnológica es global, la regulación sigue siendo fragmentada, reactiva y a menudo lenta.
Estados Unidos, por ejemplo, se debate entre legislaciones estatales parciales y un marco federal todavía inexistente; mientras que en Asia, países como Corea del Sur o Japón han avanzado más en regulaciones sobre identidad digital, aunque sin llegar al terreno de los derechos de autor.
Quizá, dentro de algunos años, miremos hacia atrás y descubramos que este fue el punto de inflexión: el momento en que pasamos de vernos como usuarios pasivos de plataformas a reconocernos como autores de nuestra propia identidad digital.
En la Academia de Política Digital, creemos que este tipo de precedentes no deben verse como excepciones aisladas, sino como el inicio de una transformación global en la manera de concebir los derechos digitales. Porque tu identidad digital no es un dato más: es tu propiedad.




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